Macerados

835 ml

580 ml

370 ml

212 ml

En los valles soleados de Moquegua, donde la tierra conserva la memoria del desierto y el agua baja generosa desde los Andes, nace el macerado tradicional de damasco, una bebida que es tanto fruto como historia. Elaborado de manera artesanal, este macerado recoge la paciencia de generaciones que aprendieron a esperar, a observar el color, el aroma y el tiempo justo en que la fruta entrega su esencia.

El damasco llegó al Perú en los primeros años del Virreinato, traído por los españoles junto con otras frutas del Mediterráneo. Pronto encontró en los valles del sur un clima propicio: días intensamente soleados y noches frescas que acentuaron su dulzor y perfume. Con el paso de los siglos, el damasco dejó de ser una fruta extranjera para convertirse en parte del paisaje agrícola y cultural, especialmente en regiones como Moquegua, donde el ingenio local supo darle nuevos usos.

La elaboración del macerado sigue un método tradicional, transmitido de forma oral y práctica. Los damascos, cuidadosamente seleccionados en su punto óptimo de maduración, se lavan y se parten a mano, respetando la fruta y evitando procesos industriales. Luego reposan lentamente en alcohol de alta calidad, permitiendo que el tiempo haga su trabajo: extraer el color ámbar, los aromas intensos y el sabor suave pero persistente que caracteriza a este macerado.

Durante la época colonial, Moquegua fue un importante eje de producción de vinos y aguardientes, y en ese contexto surgieron diversas bebidas maceradas como una forma de aprovechar la abundancia frutal. Así, el macerado de damasco se convirtió en una expresión local de creatividad y adaptación, acompañando celebraciones, rituales familiares y encuentros cotidianos.

Nuestro Damasco Macerado “Abonanzas” es proveniente de una apasionante receta familiar que alberga tradición e historia guardadas en el tiempo, dando la exquisitez de un producto con percepción sensorial, características olfativas y gustativas únicas. Contiene frutos de damasco finamente seleccionados, conservados en almíbar y pisco artesanal “ABONANZAS”, creando un dulzor especial que permite vivir una experiencia única y disfrutar momentos agradables que queden grabados en la memoria.

Hoy, cada botella de macerado de damasco moqueguano es un pequeño relato líquido: combina la herencia agrícola introducida hace siglos, la tradición artesanal preservada con orgullo y el carácter de una región que sabe transformar su historia en sabor. Beberlo es, en cierto modo, brindar con el pasado y el presente del sur peruano.